El día de hoy encontré un escrito sobre los gatos que me llegó al corazón y decidí incluirlo aquí para tratar de mantenerlo siempre fresco en mi mente. Se titulo "
Gatos de Polvo de estrellas" y lo encontré aquí:
http://www.gatosdomesticos.com/2011/gatos-de-polvo-de-estrellas/
Gatos de polvo de estrellas
Los gatos
no están hechos de carne y hueso, sino de estrellas en polvo y medias lunas. Se
contonean con cola de mástil, la cabeza bien erguida, y cruzan océanos de
asfalto para conquistar nuevos mundos.
Los gatos
se hacen dueños de cualquier territorio que pisan, incluido los que antes te
pertenecían, que inmediatamente dejarán de ser tuyos. …A veces, se frotan
mimosos en tus piernas, maullándote quejas y piropos, como si tú fueras
culpable de la lluvia o del frío, de las cosas que pasan en el mundo, y
zalameros, intentasen que se las solucionaras.
Otras, saltan
sobre ti y se enroscan confiados en tu regazo, convirtiéndose en ensaimadas o
símbolos de infinito. Duermen con dulzura de bebe y sueñan con hambre de poeta
maldito. Y así se pasan media vida. Ya despiertos, se balancean entre los dos
extremos, juntándolos con punzada e hilo.
Cuando te
confíen su sueño y se acurruquen sobre tus rodillas, debes quedarte quieto, sin
respirar apenas, orgulloso de ese honor tan efímero como todo lo bello. Y
enseguida, estarán ya saltando a un lugar más alto y tranquilo. Puedes
entonces, estirarte, volver a la realidad con un suspiro sordo y contemplarles
desde una cierta distancia, recordando que el ciego Borges, cuando notaba que
uno de sus gatos se enroscaba en su regazo, se quedaba inmóvil para no
importunarle, y sentir de cerca, la caricia cálida de los dioses.
Los gatos
se hacen querer. Se respetan, se limpian y cuidan para presentarse ante ti, con
toda su suavidad de pantera., dos horas después de que los llames. Se afirman
ellos antes de llegar a ti, pues es esa la única forma que comprenden que se
pueda llegar hasta alguien. Se van de la misma forma, con su abrigo de pelo
alrededor del cuello y un maullido silencioso a modo de último beso. Cuando se
dejan coger y templan su nervio un instante, te preguntas cómo puede ser la
independencia tan dependiente. Enseguida aprendes que son como son, y más vale
que no les cambies.
El amor
de gato no se exige, sabes que se irá y vendrá de nuevo según capricho, propina
o apetencia del momento. Es marea regida por la luna. Hay belleza y verdad en
estos gatos, que tanto mienten.
Nadie en
su sano juicio intenta vestirlos o dominarlos con collares de púas. Y es que
hay fuerzas que no pueden ser dominadas, que siempre vencen. No intentes
encerrarles ni sacarles de paseo cuando quieras tú estirar las piernas. Pero ya
puedes dejarles una ventana abierta, mejor claraboya que gatera, para que se
escapen de tu lado por la noche, y caminen con magia de acróbata por viejos
tejados, siguiendo sombra de lunas, cazando estrellas.
Los gatos
son pisadas de almohadilla y ronroneo, maullidos y garras, presencia y sombra.
Tú aprendes a disfrutar de ambas, a unir extremos. Y así, ya puedes dormir, sin
comprobar cien veces que la ventana no se ha cerrado del todo, por si les da
por volver, que fría es la noche. Y cuando aparecen, rostro demacrado y
arañazos en el cuello, les preparas comida, les acaricias hasta que duermen su
sueño indefenso y entregado, mientras, tú mismo bajas los párpados e imaginas
horizontes y océanos en una ciudad en silencio. De repente, esos seres
minúsculos empiezan a vibrar con la fuerza telúrica del fondo de la tierra y
sientes un universo mágico conectado con tus manos.
Andrey
Bacon
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